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Pablo Ortúzar

Antropólogo Social (U. de Chile) y Director de Investigación del IES.

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Etiquetas: » Publicado: 30/01/2012

Elites, democracia y pactos oligárquicos

Si las elites dejan por comodidad que los populistas vociferantes capturen y administren sin contrapeso el aparato público, si cejan en educar a los hijos para la exigencia y la responsabilidad, si se alejan de las formas de vida del país y sus necesidades… las elites se van arrinconando en jaulas de oro hasta que desaparecen.

Toda sociedad humana que haya existido, ha tomado forma gracias a minorías organizadas que compiten por el poder, el  prestigio y el privilegio. Estas minorías, buscando la legitimidad entre los más o bien sometiéndolos por la fuerza, son conocidas como elites. Una elite está organizada en función de vínculos personales e intransferibles. Son relaciones de confianza forjadas en la presencia y la interacción antes que en el interés o la funcionalidad. La identidad común y los criterios de identificación compartidos le dan a cada minoría su carácter particular.

Si uno busca cualquier minoría organizada, encontrará las mismas prácticas. Líderes sindicales, centros de alumnos, directivas de cualquier cosa: todos trabajarán para los demás, con ahínco y valor en el mejor de los casos, pero siempre con un ojo puesto en reproducir la condición ventajosa que han logrado y que se confunde, sincera y engañosamente a la vez, con los intereses colectivos.

La modernidad democrática no termina con las elites, lo que sería imposible sin terminar con todo orden social. En vez de ello las limita, ya que, en un movimiento, destruye las categorías de personas (funde con el todo social a las elites nobiliarias) y otorga derechos iguales a todos los ciudadanos. Así, el destino de los fuertes queda más atado que nunca al de los débiles y no pueden ya los primeros disponer a su antojo de los segundos, como había llegado a suceder en regímenes absolutistas. Pero, más interesante que aquello, se abre la puerta como nunca a la competencia electoral entre elites, en desmedro de las sangrientas guerras del pasado.

Todas las ideologías populistas que prometen hacer “iguales a todos los hombres” e impedir la libre organización, competencia y reproducción de las elites no esconden sino, inconsciente o conscientemente, como en el caso leninista, una super elite controladora del Esta6do en ciernes. En el caso de la educación, principal espacio de articulación y reproducción de toda elite, esto es particularmente cierto. Esta fue exactamente la acusación de Robert Michels, quien formulara la famosa “ley de hierro de la oligarquía”.

De este modo, cualquier persona con algo de  inteligencia, carácter y buena suerte puede aspirar a articularse de algún modo con uno de estos grupos y fundir su descendencia con ellos. Del mismo modo la ineptitud, tontera, falta de carácter o mala suerte puede terminar por amenazar con la desvinculación a los miembros de un grupo. En los puntos intermedios entre el ascenso y el descenso es que se forjan, justamente, extensiones de las elites.

La competencia por articularse con una elite, no salir de ella o pasar a ser parte de otra sumada a la competencia entre las propias minorías organizadas dentro de cada minoría organizada y a la disputa entre grupos hacen vigoroso el orden democrático. Y el orden democrático, a su vez, evita que esa competencia sea en desmedro de los más débiles y desvinculados, quienes, por el contrario, se ven beneficiados por ella.

Así, cada República se convierte en un complejísimo y dinámico entramado de vínculos, pactos, redes y alianzas sometidas a una constante competencia y regulación cuyos límites están dados por las leyes.

El Estado, por su parte, no es en caso alguno neutro en la medida en que es conducido hacia un lado u otro por gobiernos que representan y encarnan a minorías organizadas. Y es justamente esa una buena razón para no creerle a quienes pretenden hacernos creer que la comunidad es lo mismo que el Estado y que la mayor concentración de poder en el aparato público asegura el bien común.

Todas las ideologías populistas que prometen hacer “iguales a todos los hombres” e impedir la libre organización, competencia y reproducción de las elites no esconden sino, inconsciente o conscientemente, como en el caso leninista, una super elite controladora del Esta6do en ciernes. En el caso de la educación, principal espacio de articulación y reproducción de toda elite, esto es particularmente cierto. Esta fue exactamente la acusación de Robert Michels, quien formulara la famosa “ley de hierro de la oligarquía”.

El mayor riesgo del orden democrático y su relación con las elites, sin embargo, viene del declinar de la voluntad aristocrática de éstas (en sentido aristotélico, es decir, su vocación en pos del bien común) y su remplazo por pactos mediocres de no agresión entre las distintas minorías organizadas. Así ha ocurrido en otras partes de Latinoamérica, donde los grupos económicamente más poderosos pactan con mesocracias grises y violentas un orden populista basado en falsas promesas de igualdad en el cual los más damnificados son los pobres que deben agachar la cabeza clientelarmente para hacer valer sus derechos ante el Estado. La mesocracia, por su parte, captura vía impuestos una tajada del dinero de los más ricos y éstos, a cambio, reciben la protección de sus intereses, viviendo incluso, muchas veces, lejos del país, haciendo honor a la famosa frase de Edmund Burke que dice que “para que triunfe el mal, lo único necesario es que los hombres buenos no hagan nada”.

La protección respecto a esta corrupción de su función exige a las elites mantener un ideal aristocrático orientado a la libertad que asegure el estado de derecho. Tal ideal debe reflejarse en las costumbres y en las exigencias necesarias para forjar el carácter y el sentido de responsabilidad en sus hijos y en un compromiso abierto con instituciones que permitan que los mejores elementos de otros grupos sociales puedan desarrollar sus capacidades y virtudes en pos de la República.

Si se declina en esa voluntad, si dejan por comodidad que los populistas vociferantes capturen y administren sin contrapeso el aparato público, si cejan en educar a los hijos para la exigencia y la responsabilidad, si se alejan de las formas de vida del país y sus necesidades, si no viven con más preocupación que la económica, si no protegen con celo las instituciones, si no defienden lo que creen justo en público aunque implique enemistades, si no se involucran en política y alejan a sus hijos de ella como si fuera la lepra, si piensan que el mínimo moral que exige la ley es un máximo, las elites se van arrinconando en jaulas de oro hasta que desaparecen.

¿Tienen hoy nuestras élites esa voluntad de persistir?

Etiquetas: » Publicado: a las 11:16 am

COMENTARIOS »
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  • Alejandro H.Soto

    DURANTE LOS ULTIMOS 200 AñLAS OLIGARQUIAS Y SUS PACTOS TIENEN UN INMENSO PODER Y LO….manejan sin contrapesos cuentan para ello conb toda una parafernalia publicitaria a su favor ,,,los jovenes Chilenos estudiantes son los vestales de un cambio necesario y justo ..para las clases medias y bajas de Chile……?

  • http://twitter.com/14gon Gonzalo García

    Poniendo en contexto chilensis: el problema de nuestras élites, al menos de gran parte, es que han sido “rascas”, lo diría G., Salazar; Fanon y la incapacidad de la burguesía de los países colonizados; para Andre GF “lumpenburguesia”; o burguesías del “colonialismo interno” en Pablo GC. slds

  • Pepe Carafí

    Excelente columna Pablo !

  • Matías Marambio

    ¡Qué reflexión más pedestre! Finalmente, parece que todo fuese un juego de luces para terminar justificando la existencia de grupos que ejercen su dominación sobre otros, aduciendo a un consentimiento bien amañado y poco aceptable si es que miramos con ojo mínimamente crítico. A fin de cuentas, es la queja permanente de la aristocracia devenida en ‘élite’.

  • Alejandro Soto

    Bueno el arrtículo excepto el último párrafo. Las elites no desaparecen se reproducen. Al menos es lo que han dicho entre otros Mosca.

  • David Bahamondes

    ¡Qué aristocrático señor Ortuzar! ¿En qué mundo vive? ¿De dónde, en el nombre de Krishna, se figura que se encuentran o se han encontrado esas élites mesiánicas, rectoras e iluminadas que Ud. menciona?

  • NISSIM MISLEH

    EN EL LIBRO “EL MIEDO A LA LIBERTAD” DE ERICK FROMM .SE CONCLUYE QUE EL PROCESO DE MOVIMIENTO SOCIAL EN LA PIRAMIDE DEL PODER, ES TAN PROLONGADO, QUE LO MAS SENSATO ES QUE LA PERMANENCIA EN LA CIMA SEA BREVE. ESTO REGULA EN FORMA NATURAL LAS RELACIONES DE PODER; SIN EMBARGO; CUALQUIER INTENTO DE PROLONGAR LA ESTADIA EN DICHA CIMA GENERA EL CAOS CORRESPONDIENTE. POR ESO ES ESTABLECIMIENTO OCUPA LOS ENTES REGULADORES PUNITIVOS Y OPRESORES DE UN MODO TAN EXAGERADO

  • Mario Cárdenas Mella

    Es risible y ambiguo ese concepto de ” elite”…Me extraña que un antropólogo la utilice.Y si realmente fuese así, para el caso chileno me quedo con el comentario de don Gonzalo García…La verdadera ” elite”, a mi parecer, sería esa miriada de creadores que se han dado en la especie humana desde los tiempos más primitivos hasta hoy…Un Miguel Angel, un Mozart, un Beethoven, un Einstein, un Sthefan Hawkins ,un Cervantes, un Neruda y miles y miles de pensadores y creadores en todos los ámbitos del saber y la ciencia, a mi parecer, constituyen la verdadera ” elite” de la humanidad…Los de acá son solamente ” rascas” con dinero y de un dudoso nivel cultural…Los conozco muy de cerca, y por ello pienso que darles ese rango medio etéreo, mesiánico, de aureola, como pertenecientes a una ” humanidad” diferente o especial, sinceramente me origina una cómica sensación de absurdo e irracionalidad en el análisis, muy poco objetivo y científico.

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