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Egon Dabovich

Ingeniero Civil Industrial, MBA en Finanzas

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Etiquetas: , , , , » Publicado: 16/01/2012

El país de los tontos

Hacerse el tonto, parece ser inocente, pero no lo es. Es un acto violento, cruel, que va en perjuicio de otras personas y de nosotros mismos. Institucionalizar dicha conducta, claramente nos retrocede como sociedad.

Hace ya bastantes años, cuando aún era estudiante, tuve un profesor nada de brillante, pero que introdujo en mi formación una frase que recuerdo y aplico constantemente. Él repetía: “Si no quiere que le digan tonto, no actúe como tonto”.

Chile se ha trasformado en el país de los tontos. Todos los días, actuamos como tontos y la escena se repite, con una constante y brutal regularidad. No existe situación cotidiana donde no aparezca el típico personaje y su corte complaciente de trasnochados bufones.

Suba a una micro y encontrará varios de esos personajes. El que va cómodamente sentado simulando dormir, estar leyendo o sencillamente abstraído en sus pensamientos; también encontrará a la mujer embarazada, el anciano, el discapacitado o sencillamente a una de las tantas personas necesitadas de lograr un asiento; finalmente, está la corte de los mirones que percatándose de la situación, no levantará la voz, no dirán nada. La vergüenza se impone al abuso y el final clásico, todos haciéndose los tontos. Es mejor así que preocuparse u ocuparse del otro.

En la familia, aquel que se ofusca, se irrita y descarga sobre sus hijos, cónyuge, padres o amigos, balbuceando sus desahogos y tras purgar sus emociones, todos deben hacerse los tontos, ya que ¡hay que mantener la armonía familiar!

Qué decir de las empresas. Es insultante ver sendos carteles en sus estacionamientos de autos, indicando que no se hacen responsables de los daños, hurtos y pérdidas en los vehículos particulares, cuando en rigor sí lo son. Expresamente la ley indica que así es. Pero, es mejor hacerse los tontos, a ver si algún incauto cae.

Es inquietante observar cómo nuestra sociedad aparentemente racional, ordenada y organizada, en realidad disfraza una constante conducta cargada de tontera, crueldad, maldad, mezquindad, locura, miseria y  brutalidad. Aún más, a mi juicio, lo perverso es que la racionalidad, el orden y la organización, se ponen al servicio de poderes cínicamente destructivos.

Empresas que contaminan ríos; que construyen casas que se caen solas o se filtran de agua; corporaciones que no previenen lo que dicen prevenir, por ejemplo el fuego; bancos en el límite de la usura; farmacias y un largo etcétera.

Podría enumerar un sinfín de situaciones cotidianas donde la ley de hacerse el tonto, está presente. El filósofo francés G. Deleuze escribió: “La estupidez es la bestialidad propiamente humana”.

No es posible pasar inadvertido de las situaciones actuales. Es inquietante observar cómo nuestra sociedad aparentemente racional, ordenada y organizada, en realidad disfraza una constante conducta cargada de tontera, crueldad, maldad, mezquindad, locura, miseria y  brutalidad. Aún más, a mi juicio, lo perverso es que la racionalidad, el orden y la organización, se ponen al servicio de poderes cínicamente destructivos.

Lo que entendemos como “hacerse el tonto”, no refleja escasez de inteligencia o un error involuntario, no es que la persona que lo hace, no se dé cuenta de lo que hace; lo terrible, es que responde a estructuras del pensamiento como tal, por lo que somos conscientes que estamos realizando actos de maldad, de crueldad, de locura…

Hacerse el tonto, parece ser inocente, pero no lo es. Es un acto violento, cruel, que va en perjuicio de otras personas y de nosotros mismos. Institucionalizar dicha conducta, claramente nos retrocede como sociedad. Pero… tal vez, es mejor hacerse el tonto…

Etiquetas: , , , , » Publicado: a las 12:10 pm

COMENTARIOS »
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  • http://www.facebook.com/leonardo.caldera Leonardo Caldera Alvarado

    Estimado, me parece cierto mucho de lo que expone. Sin embargo me gustaría agregar algo más a la reflexión. Efectivamente considero que hacerse el tonto es un acto violento, que de todas maneras refleja la bestialidad humana.

    Pero tal como está dicho tangencialmente en sus palabras, esta facultad de ignorar conscientemente, es transversal a nuestra sociedad; pues va desde aquel que se hace el dormido en el asiento del metro para evitar a una mujer embrazada, hasta quiénes evitan hacerse responsables de deberes que sus empresas o grandes negocios deberían cumplir.

    Las razones para mí son en todo caso, totalmente opuestas. La persona que digamos “pertenece a la masa”, por características de esta idiosincrasia homochilensis, actúa por repetición y mediocridad. Hacerse el tonto es siempre más fácil, más económico e incluso mejor mirado.
    Si bien la mediocridad es un mal del cual no creo que tengamos denominación de origen, si se ve reforzado por las diferencias sociales que marcan el día a día de este país.
    Lo que quiero decir, es que el común del chileno siempre se hará el tonto, si ello implica obtener un beneficio fácil e inmediato, sobre algo que él cree que debe tener por derecho; esto gracias a un dejo de resentimiento.

    El otro lado de la moneda está en aquellos que utilizan esto como un aprovechamiento casi legitimo. El actuar al filo de la ley, en vez de ser mal mirado es admirado; pero sólo por sus mismos actores; pues claro, es mejor que no se sepa. Claramente es algo de lo cual no se puede estar orgulloso. De pronto hace sentido cuando las universidades, buscan impartir ética. Si bien eso es algo que debería partir por casa, esta sociedad carece de ello. Este país será un lugar más grato para vivir cuando nos respetemos hasta en lo más pequeño, pues los detalles si importan, y las grandes acciones se deben hacer a rostro descubierto. Para mí señor, todo está en la educación, desde la casa, el colegio y entidades superiores. Me gustaría observar otras sociedades, más educadas y más justas; y ver si en ellas esta violencia se aprecia con tal claridad, me atrevería a decir que no.

  • Contextos2010

    Es absolutamente acertado. Tanto los que se hacen los tontos como los que lo son de verdad, no son inocentes; los inocentes no son tontos.

  • Yo es otro

    Es más… ¡Cómo se extraña la inocencia!

  • http://www.facebook.com/DanielStuardoSoto Daniel Stuardo

    Excelente artículo, pues, realizas una buena descripción del problema y, además, aportas pruebas muy fáciles de advertir en nuestra vida cotidiana. No obstante, hay que ir más al fondo del asunto. Y pienso que todo tiene que ver con el “ego”.
    “Hacerse el tonto”, hacer la “vista gorda”, o actuar como un cínico ante ciertas situaciones o sucesos, es propio de individuos que imponen su bienestar personal ante el bienestar de cualquier otro individuo. Si voy sentado en el metro o en la micro y estoy cómodo, jamás daré el asiento si con ello significa que estaré a merced de los empujones y de los pisotones. Por otro lado, si veo que un flaite asalta a una persona, de inmediato surgirá el sentimiento de indignación frente al hecho, pero lo hará acompañado de la abyecta posibilidad de recibir un balazo o un “tajo”, o en el mejor de los casos, una golpiza de sus secuaces, si es que intento actuar como un héroe. En ambos ejemplos, mi bienestar personal es más importante que el del otro. ¿Será porque pensamos que no vale la pena sacrificarse por el otro? ¿será que somos un producto de la modernidad, donde se nos ha inculcado que estamos atiborrados de necesidades que debemos satisfacer, mediante una publicidad que exalta el ego en todas las formas posibles? ¿O será que hemos tergiversado groseramente nuestra escala y patrón de valores, que no haremos nada sin recibir algo material a cambio? Puede ser todo eso, y más todavía.
    Claramente, lo único que importa es uno mismo. Esa es la conclusión final. Los demás, ¡al diablo! Yo debo estar bien, me debo “salvar” sólo, pues, nadie más me salvará.
    Esto hace mella en nuestra psiquis.
    Entonces, como el ego debe sentirse bien consigo mismo, recurre al enmascaramiento. Mejor será encontrar un subterfugio que justifique mi negativa hacia el otro, tanto en lo personal como en lo social: hacerme el dormido, hacer como que no me percaté del suceso, o simplemente, pensar que lo ocurrido no me afecta. Es claro que, con esto, demostramos que somos muy astutos (no racionales) a la hora de encontrar una justificación social para “hacernos los tontos”. No obstante, con ello, corremos el peligro de asimilar esta conducta como una postura implícita, un acto reflejo ante cualquier situación, haciendo de la “indolencia”, que debiera ser, ante todo, posible, algo muy necesario.

  • Gustavo

    Es la raza la mala… como dicen por ahí en el campo…

  • Altecmotor

    Señor, los que se hacen los tontos o lo que sea no pasa del 10% de los individuos y empresas como mucho y es universal, no solo de Chilenos, ciertamente lo que dice sucede pero con más frecuencia se ve lo contrario, es por eso que encasillarnos a todos en la tontera ¿es de tontos??

  • Carlos

    Mas que hacerse el tonto, es la indiferencia, en muchos casos soportar las humillaciones y la explotación sin chistar. Es en resumen una falta de cultura y consideracion con los demas y con uno mismo. es un articulo que mueve a la discusión, mas allá de los puntos de encuentro y divergencia.

  • Marcelo Behring

    Falto mas opinión; en realidad estamos viviendo una selva de prepotentes, y todos acatamos con un movimiento de cabeza. estamos en un paìs extraño.los mas fuertes sobreviven. Nos prestan nuestra propia plata, y nos cobran 10 veces por hacerlo, y mas encima nos dan un 0,3% de utilidad como premio a nuestra constancia, y ellos viven a lo millonario con nuestro dinero. ¿que tal estamos?

  • pablo

    es por eso que creo que se esta dando un nuevo rumbo, uno que dice YA BASTA, de gente que esta aburrida que le metan el dedo en la boca, todos los dias los grandes negocios nos invaden tratando de dejarnos anesteciados, tan solo vea un par de horas tv, que ve, gente preocupada de como “gente” vive, eso no es normal, pero son ellos los dueños que quiren tenernos asi dentro de una estupida burbuja, por eso que ya cada dia hay mas que estamos diciendo YA BASTA. espero que algun dia podamos decirlo todos junto.

  • http://www.facebook.com/millaray.chihuailaf Millaray Chihuailaf

    claro por eso porque Chile es el pais de los tontos o que se hacen,y no lo son, es que nunca se tomaran deciones como encarcelar corruptos y militares asesinos que caminan por las calles…y que la justicia nunca fallara en contra de un represor,se hacen los tontos para ser amigos de los militares por siacaso viene otro golpe de estado….y asi seguimos….dejamos que los que tienen que tomar deciciones de los poderes del Estado ,no lo haga total, ya esta, ya fue,,,,y asi sumamos
    y provocamos reacciones violentas con los alumnos, con la salud, con el trabajp mal remunerado del obrero, con la pension miserable de los ancianos,,total ya van a morir,,,para que”’?????y nos hacemos los tontos con los mineron con el carbon,gente que por monedas trabajan bajo tierra,villas miserias,suma y sigue,…..perdon me canse,,,,me agote de pedir justicia por mi marido ejecutado, y se siguen haciendo los tontos……..

  • Yako001

    Yo no me hago el tonto, pero me siento derrotado por ella.

  • Benjamin frias gonzalez

    Esta es nuestra lamentable realidad, chile es un país de corderos, vamos callados rumbo al matadero. En una oportunidad en un microbus le dije a un joven estudiante de unos 17 años que cediera el asiento que estaba ocupando a una mujer anciana, a regañadiente y hablando entre dientes lo hizo, pero la gente lo apoyó diciendo que yo era un abusador porque había obligado al joven a ceder su asiento. Ellos se escondieron en el anonimato para decirlo, pero no hubo persona que me lo dijera en la cara, essta acción tiene un nombre que todos sabemos.

  • benjamin frias gonzalez

    me faltó decirles que mi deseo es que se haga realida en chile el personaje ROBÍN HOOD.

  • http://www.facebook.com/people/Ignacio-Gonzales-Santander/100002395516871 Ignacio Gonzales Santander

    Muchos políticos ,ahora en el parlamento,en pasado oscuro del país ,se hicieron y siguen haciéndose los tontos.

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