Etiquetas: corea, dictadura, iglesia, politica » Publicado: 10/01/2012
Lo que sucedió en Chile fue una dictadura –nadie debe negarlo-, pero lo que sucede en Corea del Norte es también una feroz dictadura y se niega.
Una verdadera burla y la inconsecuencia mayor han mostrado sectores de izquierda, que ante el fallecimiento del dictador norcoreano comunista encienden velas, rasgan vestiduras de dolor por la partida del gran líder y envían expresiones de pésame por su fallecimiento y palabras de adhesión al sujeto que seguirá encabezando la tiranía comunista. Los mismos sectores dictan lección rechazando que se cambie en textos escolares la palabra dictadura por régimen militar.
Lo que sucedió en Chile fue una dictadura –nadie debe negarlo-, pero lo que sucede en Corea del Norte es también una feroz dictadura y se niega.
Cuando leo que sectores de izquierda llamados “progresistas” cantan loas a Margot Honecker, viuda del líder de la otrora República Democrática Alemana, Erick Honecker, mujer que varios sectores acusan de ejercen con ferocidad su cargo de primera dama y ministra de Educación en su derrumbado país, pienso en el travestismo político de los mismos.
Otro caso es el cubano. Para los antes nombrados sectores de izquierda, la isla es democracia diferente. Tan diferente que no cuentan los atropellos a los derechos humanos, ni la falta de libertad, ni la ausencia de la misma para profesar públicamente la fe en Dios y adhesión a la Iglesia.
Los presos políticos de la dictadura chilena, eran nombres, rostros, historias que debían llevarse por el mundo para salvar sus vidas y denunciar al régimen y su barbarie. Pero si se trata de presos políticos, los trabajadores por la libertad de la isla y el respeto a los derechos humanos, entonces –dicen- son peones del imperialismo.
Precisamente por estas ambigüedades los discursos encendidos revolucionarios hoy son sueños anecdóticos de otros tiempos. No hay consecuencia en el discurso.
Precisamente por estas ambigüedades los discursos encendidos revolucionarios hoy son sueños anecdóticos de otros tiempos. No hay consecuencia en el discurso.
Para muchos la experiencia de la dictadura chilena, nos reafirmó que ante tener fidelidad a ideologías, está la adhesión total y sin peros a la libertad y el respeto a los derechos humanos.
Con la fuerza en estos postulados, asumo la denuncia, que no tiene olvido de Francisco Franco y la España desgarrada. Con una iglesia abanderizada con el régimen del generalísimo que llegó a ocupar campanarios para trincheras armadas.
No eran superiores –en otro lado- los líderes de la ex Unión Soviética, donde los pabellones siquiátricos recibían a intelectuales confinados por pensar, crear, expresar libertad o buscar a Dios.
Si uno busca en la memoria de la prensa de aquel tiempo, verá como los líderes comunistas locales rendían pleitesía a los dictadores de turno. Ni una mancha en el currículum de aquellos que sembraban terror en nombre de la revolución y el pueblo.
Stalin, Franco, Pinochet, Castro, Honecker y otros, dan para lista de larga lectura, locos con delirio mesiánico, corruptos que sin duda la historia los juzga con dureza, de mundo globalizado. Más allá del discurso encendido se conocen y evalúan por actos y crímenes.
En estos escenarios tampoco escapa la Iglesia Católica y otras denominaciones piramidales donde en nombre de Dios -¿cuántas cosas se hacen en su nombre?- ejercen la censura, castigos, persecuciones. Leonardo Boff y otros destacados teólogos fueron condenados al silencio y a vida retirada por atreverse a trabajar líneas teológicas que Roma considera peligrosas para seguridad de la institución.
La Iglesia Católica sabe mucho de censura. Como las dictaduras secretísimas, en su seno la corrupción no es fenómeno de hoy. Está en el ADN de su ser.
No estoy de acuerdo que se cambie dictadura por Régimen Militar, pero tampoco que a dictaduras como Cuba se le trate como democracia diferente, donde los hermanos Castro son iluminados. Reconozco que la isla en muchos aspectos tiene avances extraordinarios. Pero lo fundamental que da oxígeno y limpia ambientes en una sociedad es la libertad sin peros. En Cuba está ausente.
Se podrá argumentar que en Chile no vivimos democracia plena, es posible. Pero nadie niega que tenemos libertad para elegir, fiscalizar, opinar, escribir, profesar la fe que uno determine.
Ayer estuvo Bachelet, hoy Piñera. Si mañana el pueblo decide otro nombre, éste llevara la franja tricolor, señal de poder dado por los electores.
No me gusta ninguna dictadura. Ni en nombre del Pueblo, ni de los pobres del mundo, ni de Dios, ni de la libertad. Nada. El régimen de Pinochet me enseñó a repugnar a iluminados, líderes, militares condecorados de estrellas, santidades.
En ese tiempo la convicción en la libertad total se hizo carnet en mi identidad. Y si Dios aprisiona, lo rechazo.
Etiquetas: corea, dictadura, iglesia, politica » Publicado: a las 4:08 pm
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