Ex presidente de la Cámara de Diputados, director del Magíster en Ciencia Política de la U. Mayor
Etiquetas: politica » Publicado: 04/01/2012
El sistema electoral binominal mayoritario fue concebido como una fortaleza autoritaria para preservarla Constitución elaborada por los ideólogos del pinochetismo y los enclaves que de ella se derivan en el sistema político.
El ministro Larroulet ha declarado que, en lo que llama el perfeccionamiento del sistema electoral, hay valores que cuidar. Agrega, como tales, la estabilidad política y la posibilidad de crear consensosentre los bloques políticos como virtudes del binominal. Ello anticipa cuál será la postura del gobierno: una modificación correctiva que mantenga la esencia del binominal heredado de quienes en dictadura pensaron en un sistema que diluyera las mayorías, subsidiara a las minorías (de manera que quienes estaban por cambios de fondo nunca pudieran tener las mayorías suficientes) y excluyera de la representación institucional a quienes estuvieran fuera de los grandes bloques. Para ello inventaron, además, los quórum especiales en las reformas constitucionales. Es decir, el sistema electoral binominal mayoritario fue concebido como una fortaleza autoritaria para preservarla Constitución elaborada por los ideólogos del pinochetismo y los enclaves que de ella se derivan en el sistema político.
Hoy Larroulet nos habla de valores a preservar, en el fondo, para justificar la mantención del sistema electoral que ha favorecido la presencia política de la derecha desnaturalizando, en largos períodos, la expresión de la soberanía popular. Cuando Larroulet habla de estabilidad está pensando en un parlamento empatado, en una ciudadanía ausente y en consensos que se logran sólo entre partidos y bloques. Es decir, en una democracia mínima que ni siquiera garantiza plenamente la correspondencia entre la voluntad del voto ciudadano y los electos y tampoco un pluralismo que incorpore a las diversas voces que existen en la sociedad.
Si hablamos de reglas y valores a preservar al analizar un cambio del sistema electoral, es bueno recurrir a las ideas de uno de los más ilustres politólogos italianos Norberto Bobbio –que vino a Chile en plena dictadura, condenó sus crímenes y la falta de libertad- y cotejarlas con las del ministro Larroulet.
Bobbio, cuado habla de valores se refiere a la tolerancia, a la superación de los fanatismos nacidos de la vieja convicción de poseer, al unísono, la verdad y la fuerza para imponerla. Se refiere a la renovación de la sociedad a través del libre debate de ideas, del cambio de mentalidad y del modo de vivir. Se refiere a una característica intrínseca de la democracia que su carácter conflictual, es decir el poder no puede silenciar a la sociedad civil, empequeñecerla, ahogarla en el altar de la razón de Estado. El ideal liberal de Bobbio es el rechazo a los integrismos filosóficos, religiosos, ideológicos –tan presentes en una parte de la derecha que hoy gobierna- que son contrapuestos a la libertad y a la autonomía de las personas y de los ciudadanos.
A su vez, cuando Bobbio habla de reglas de la democracia, la primera de ellas es la competencia, de la cual el sistema binominal es justamente la negación. Uno de los factores que genera la crisis actual del sistema político chileno es que está pensado para impedir la competencia y el acceso de todos los sectores a las instituciones.
La segunda regla es que el sistema electoral de una democracia debe consagrar una mayoría y una minoría, que naturalmente puede cambiar y con ello se producirá la alternancia en el poder. El binominal no la consagra, por el contrario su esencia consiste en que la minoría valga lo mismo que la mayoría y cuando los bloques se contrapesan se tienda al empate perenne.
Es decir, como lo piensa Larroulet de manera contrapuesta a Bobbio, la gobernabilidad la impone un sistema electoral que se estructura para impedir los cambios. Es la gobernabilidad del inmovilismo, de la tecnocracia, de la visión neoliberal para la cual todo es el mercado y donde la política y los ciudadanos juegan un rol mínimo. La tercera regla de Bobbio es que si eres minoría no estas fuera de la ciudad y debes tener todos los derechos para contraponer tus ideas, proyectos y propuestas a las de la mayoría.
Finalmente, para Bobbio la democracia comporta construir consensos pero el primero de ellos es con el pueblo y no un consenso de elites para producir reformas palaciegas. Un gran consenso, que habría sido apoyado por Bobbio, sería preguntarle en plebiscito a la sociedad chilena si quiere mantener la actual Constitución o generar una nueva, tal como los italianos lo hicieron al preguntarle a su pueblo en referéndum si querían la monarquía o la república. Para eso son los consensos, para cambios históricos y hay que tener claro, para no entramparse, que para ello la derecha chilena no está preparada ni disponible porque sigue ligada culturalmente a muchas de las instituciones políticas y económicas heredadas de la dictadura.
En la visión de Bobbio, además, los valores incluyen consagrar una ciudadanía partícipe del proceso político que debe ser escuchada por el poder, respetar no sólo los derechos humanos históricamente esenciales sino además aquellos que se incorporan como derechos de tercera y cuarta generación y a los grupos sociales que los enarbolan, que son justamente los que quedan fuera del sistema político con el sistema electoral binominal mayoritario: mujeres, jóvenes, indígenas, minorías sexuales, ambientalistas, sectores mas desposeídos de la sociedad.
Por tanto, cuando Larroulet habla de valores está, en el fondo, haciendo una defensa de un sistema fáctico e ilegítimo, creado en dictadura, que está en profunda crisis de credibilidad y de representación y que o se modifica, incorporando verdaderos valores democráticos, o se derrumbará fruto de la movilización ciudadana o del llamado a no votar en las elecciones parlamentarias, consigna, que si no hay cambios verdaderos, se anidará fuertemente en los cuatro millones y medio de ciudadanos que se incorporan con la inscripción automática, y provocará una mas profunda ilegitimidad del sistema político.
Larroulet y el gobierno, consultando formalmente a ex Presidentes de la Repúblicay partidos para después buscar imponer una reforma electoral gatopardista que “cuide los valores” como dice el ministro, no logra comprender que no están los tiempos para consensos que busquen mediatizar el sentimiento de cambios de la sociedad y mantener el actual sistema económico y político fuertemente rechazado por ésta.
Hay una nueva subjetividad en la sociedad chilena y es ella la que se distancia cada día más de un gobierno con un Presidente, que mas allá de sus atributos, no logra crear un mínimo de confiabilidad y credibilidad en la ciudadanía. Es una subjetividad a la cual ya no se puede atemorizar con los cucos que siempre ha utilizado la derecha. Si insiste en mantener el sistema electoral binominal mayoritario, el gobierno será parte de la crisis. La oposición, más que enfrascarse en un diálogo, sin perspectiva alguna, en un búsqueda de un consenso para un cambio “dentro de lo posible”, debe levantar un movimiento social que presione por el cambio del sistema político y dela Constitucióny transformarlo, junto a la reforma educacional y a una verdadera reforma tributaria que este gobierno será incapaz de realizar, en grande objetivos a conquistar en un nuevo gobierno de centroizquierda comprometido con los cambios de fondo que la sociedad exige.
Entre los valores a preservar de Larroulet y los de Bobbio hay una distancia sideral, es la distancia entre una democracia tutelada y una democracia que respeta la soberanía popular y hace partícipe a la ciudadanía.
Etiquetas: politica » Publicado: a las 4:10 pm
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